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Querida familia encontrada

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Ahora que se viene la PASCUA y que se espera que salgamos todos y cada uno más resucitados y pasemos de nuestros individualismos a ser más fraternos y hermanos, más eclesiales, quiero hacer una reflexión sobre la comunidad porque es la manera de ser fraternos y hermanos.

 

Nuestros obispos, reunidos en Aparecida, nos dijeron que todo cristiano tiene que tener un encuentro con Jesucristo, que ese encuentro lleva a la conversión y la conversión lleva a vivir en comunidad, en iglesia. En Guatemala se nos está recordando esto a diario con las santas misiones populares. Dicho en chapín, que si alguien no ha tenido un encuentro y una conversión y no vive en iglesia que no se considere cristiano, vaya.

 

Bueno, no está difícil, nada nuevo, dirá más de una pareja, tranquilizándose del susto. Fuimos al fin de semana, comenzamos una nueva etapa en nuestra vida y nos reunimos quincenalmente en comunidad. Demasiado sencillo, ¿no creen? Algún esfuerzo, “seguimiento” habrá que hacer.

 

Propongo mirarnos en el espejo de la Palabra. ¿Cómo entendieron esto nuestros antepasados, los primeros cristianos, los que escucharon directamente a Jesús? El libro de los Hechos de los Apóstoles, 2,42 ss dice que 1) acudían asiduamente a la enseñanza, 2) tenían una sola alma y corazón, 3) oraban juntos, 4) compartían sus bienes, 5) hacían prodigios y milagros. 

 

De nuevo, dicho en chapín. No hay comunidad, no hay Iglesia sin esos cinco elementos, sin vivir esos cinco elementos. Ya sé que ese texto es un ideal, que no es una regla de evaluación, que ni los primeros cristianos lo vivieron… pero lo querían vivir, nos lo propusieron para que lo intentemos vivir. No lograrlo no nos va a llevar al infierno, pero no intentarlo sí es grave y pensar que no es necesario nos pone fuera de juego.

 

A través de la historia del cristianismo encontramos maneras e intensidades diferentes de vivirlo. Comunidad o Iglesia es la familia, la parroquia, la diócesis, la congregación religiosa, el movimiento apostólico. En todos estos ámbitos hay que intentar vivir los cinco elementos. Las monjas, los religiosos han intentado vivirlo al más alto nivel. Pero a estas alturas del siglo XXI no me dirán que eso es para los religiosos y no para los laicos. Durante este tiempo de PASCUA, mientras leemos el libro de los Hechos, será bueno examinarnos cómo estamos siendo iglesia en la familia, en la parroquia, en la diócesis.

 

Pero el motivo de estas líneas es para pensarlo de manera especial en Encuentro. Y utilizando nuestros semáforos de luces que nos dicen qué ocurre dentro de nosotros.

  1. ¿Valoramos, nos agrada, participamos con ilusión, alegría y agradecimiento cuando se nos invita a un crecimiento, o nos incomoda y siempre acabamos encontrando razones poderosas para no participar? 
  2. ¿Convivimos? ¿Aprovechamos cuanta oportunidad se nos presenta para convivir, para saludar, conocer, compartir, para ser hermanos de otra, de otras familias, o ya tenemos nuestro círculo satisfactorio?
  3. ¿Oramos juntos, celebramos, escuchamos juntos la Palabra, compartimos nuestra fe y nuestra manera de vivir la vida? ¿Somos parte, pertenecemos?
  4. Comunidad es compartir, lo que somos, lo que tenemos, los talentos y los dones. ¿Siento incomodidad o molestia cuando nos piden algún aporte económico o me siento feliz y entusiasmado por la oportunidad que me dan de participar y de ayudar?
  5. ¿Sentimos nuestras las actividades, las acciones que E.M. planea y realiza? ¿Sentimos ganas de llevar el mensaje, somos pareja apostólica? ¿Nos nace o se nos olvida y sólo cuando nos dan comisión?

 

Las preguntas deberá concretarlas cada pareja o cada familia. Quiero terminar llamando la atención sobre un engaño muy fácil y frecuente: dependiendo de nuestra manera de ser abundamos y nos contentamos con practicar una de las cinco, la que va más con nuestro modo y nos cuesta menos. No es trampa, pero sí es engaño.   

 

Un abrazo y felices PASCUAS

 

Fr. Luis Miguel