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Padre Francisco Murcia

P.Fco_MurciaQueridos amigos y hermanos encontrados 

Dos días después de haber celebrado el séptimo aniversario de mi ordenación sacerdotal y habiendo vivido la reciente experiencia del CADRE en El Salvador, comparto con ustedes algunos sentimientos y reflexiones que han quedado haciendo eco en mi corazón.

   Ante todo, les comparto que me he sentido inmensamente bendecido y amado en este aniversario ya que la providencia de Dios, quiso que coincidieran varios acontecimientos que se dieron como regalos sorpresivos.  

1. La primera gran bendición fue haber vivido esa bella e inolvidable experiencia del CADRE con cada uno de ustedes, hermanos sacerdotes y matrimonios. El CADRE, ha significado para mí, el broche de oro para sellar mi pertenencia a esta gran familia de EMM. No me cabe la menor duda de que Dios me pide servir a la Iglesia, poniendo todo mi empeño y entusiasmo por transformar el mundo con la fuerza del amor a través de mi sacramento en relación intersacramental con mis hermanos sacerdotes, con los feligreses y con los matrimonios de EMM. He recordado con gratitud, como comenzó mi pertenencia a EMM. Recuerdo que,  a dos meses de ser ordenado diácono, participe en un Encuentro Nacional de Pastoral Familiar en Guatemala; y en esa ocasión nos conocimos y nos hicimos muy buenos amigos con la pareja nacional de EMM, que representaban al movimiento en esa actividad. Sucedió que, al final de la actividad, el sacerdote, pidió que cada delegación presentara una ofrenda a Dios. Aquellos amigos me presentaron como su ofrenda para la misa. En aquel momento no era consciente de las implicaciones de ese gesto; lo entendí, seis años después, cuando participe en el fds original, el profundo y el CADRE, que me han hecho sentir cada vez más pertenecido a esta nueva familia. Ahora entiendo que con Dios no se juega: “lo que se le presenta como ofrenda, le pertenece y, tarde o temprano reclama su derecho de propiedad”.

2. La segunda bendición la he recibido de parte de la familia que me asignaron para recibirme y alojarme. Oscar y Brenda, los Gaviria, es una pareja joven, entusiasta, con un gran amor y sentido de pertenencia a EMM; se están preparando para vivir su profundo a mitad de año y ya están trabajando en uno de los apartados de EMM. Pero, el regalo más grande que Dios me tenía preparado a través de ellos, lo descubrimos, dos días después de haber finalizado el CADRE, mientras conversábamos acerca de nuestras familias de origen; les hable de mi experiencia del fds original y profundo que me ayudo a reconstruir mi tejido familiar, sobre todo con mi familia paterna, y les compartí que quería presentarles a un sobrino de mi papá que vive en la misma colonia de estos mis nuevos amigos, Oscar y Brenda. La sorpresa inesperada fue que, al decirle el apellido de mi primo, Brenda me dijo que, su papá y mi primo, han sido compañeros de trabajo en una banda musical desde muy jóvenes. En realidad, conversando con mi primo, me decía que el papá de Brenda ha sido como su propio padre, ya que, desde que vino a la gran ciudad de San Salvador recibió cariño y apoyo de este hombre excepcional, que tuve el privilegio de conocer a raíz de esta experiencia del CADRE. Fuimos a visitar a Don Wenceslao, papá de Brenda para agradecerle por todo lo que ha hecho por mi primo y fuimos a visitar a mi primo (Alfredo Ronquillo) y a su esposa, para invitarles al próximo fds; el mismo día aceptaron participar y llenamos la ficha. Ha sido otro gran regalo de este CADRE y de mi aniversario sacerdotal.   

3. El tercer regalo fue haber tenido la ocasión de concelebrar la misa junto al nuevo párroco de mi parroquia de origen, el P. Renato Sánchez, que, el mismo 01 de mayo celebraba 12 años de haber sido ordenado sacerdote. Otro regalo inesperado, que Dios me tenía preparado. 

4. El cuarto regalo con el que Dios me mostró su amor en este aniversario, fue haber tenido la ocasión de celebrar 46 años de matrimonio religioso de mis padrinos, que se casaron el 01 de mayo de 1965. Celebrar, el séptimo aniversario de ordenación sacerdotal junto a un hermano sacerdote y un matrimonio, me hizo saborear la gracia de la relación intersacramental, de la que me alimento cada día desde que viví mi fds original. 

5. El quinto regalo que recibí de mi buen Dios y de mi querida Iglesia, fue celebrar este séptimo aniversario el mismo día en que fue beatificado, nuestro amado Papa Juan Pablo II, a quien tanto admiro, no solo porque ha sido el Papa mas misionero, sino también porque su vocación sacerdotal fue forjada en la escuela del sufrimiento. Sabemos que quedó huérfano a tierna edad y que su formación para el sacerdocio tuvo que realizarla en el ambiente de  persecución de los cristianos por parte de los comunistas. Por eso, el Papa Juan Pablo II se mostró tan sensible, cercano y solidario frente a las tragedias humanas provocadas por la guerra y conflictos internos de nuestros países, porque experimentó en carne propia el sufrimiento. No cabe duda, de que este último fue el mayor regalo que recibí en este aniversario de mi ordenación, ya que el beato Juan Pablo II, es el mejor modelo de pastor para todos los sacerdotes de este tiempo.    

Con todas esas bendiciones, solo me queda decir GRACIAS, AMADO DIOS Y MAMA MARIA.  Y gracias a cada uno de ustedes por su amor y amistad.

Desde el amor de nuestro sacramento

P. José Francisco Murcia