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Luis Miguel Otero

Querida familia encontrada:

Me piden que hable de retos y cuestionamientos, alegrías y tristezas, frustraciones y decepciones, ilusiones y esperanzas. Pues allá vamos:

Luis_Miguel_OteroLos sacerdotes tenemos una tendencia, algo así como que cojeamos por la derecha, a considerarnos más que los laicos: más entendidos (hemos estudiado muchos años), más comprometidos (nos dedicamos a tiempo completo), más sacrificados (hemos renunciado a una familia), más entregados... y para colmo los matrimonios nos alimentan el ego considerándonos más santos (porque estamos más cerca de las cosas sagradas). Llevo más de veinte años en esto, que significan muchas horas de f.d.s., reuniones de coordinación, de parejas de equipo, de viajes, de preparación y de realización de crecimientos y actividades. Algo que aprendí pronto, y he seguido confirmando, con las parejas de E. M. a mi lado es que la mayoría son más entregadas que yo, más comprometidas, con más pasión, amor, entusiasmo y dedicación que yo. Me he sentido cuestionado y tambaleado en mi tranquilidad cuando los veo tan pendientes uno del otro o de sus hijos, tan entregados en tiempo y esfuerzos al movimiento y a las parejas que siento se me pasaron de largo y camino a bastantes cuadras de distancia.

¿Alegrías y tristezas? Muchas, muy frecuentes. Cuanto más cerca esté uno más alegrías y tristezas recibe. Celebrar un entierro o un matrimonio de alguien a quien conoces más allá de su nombre, se vuelve diferente. Participar de las alegrías y congojas de las parejas es pasar del saber al sentir. Me siento afortunado por compartir viajes, alegrías y congojas, bromas y cariños, esfuerzos y nervios, trabajos e ilusiones, caídas y levantadas con gente normal que lucha por el pan diario al mismo tiempo que quiere hacer una familia y un mundo diferente.

Frustraciones y decepciones. Me parecen palabras mayores, creo que se escriben con mayúscula. Entiendo que son "verbos intransitivos", sin complemento directo; uno se frustra y se decepciona, pero nadie ni nada de fuera me frustra o me decepciona. Alguien o algo me contraría, contrariedades sí he tenido, bastantes, muchas más bien. Por mi manera de ser, lo que no sale según lo planeado me molesta. Y ustedes saben que con frecuencia alguien no está donde debía, alguien no se acuerda, otro alguien no tuvo tiempo, alguien se pone necio o, peor, cree que no se pone necio y no quiere o no puede salir del enredo que él solito se está haciendo. Tratando de ser objetivo diría que es una molestia que no llega a número uno de frustración. En algún caso sí puede llegar a ocho o diez, pero de tristeza.

Ilusiones y esperanzas. Miren por dónde ilusiones y esperanzas son frutos que se cocinan a fuego lento. Una cosa es que me haga ilusión algo, otra, diferente, es encender ilusiones y esperanzas. Esas también son internas y sólo en las cosas fundamentales. Tengo fe y esperanza en que los humanos, hombres y mujeres, entendamos la vida de otra manera y nos humanicemos, vivamos, sepamos vivir y no solo hacer cosas. Los nuevos me alegran con su júbilo, me entusiasman con su frescura, pero encender esperanzas...

Y como me he puesto muy solemne, voy a terminar molestando. No me preguntan por confirmaciones, pero no resisto la tentación de terminar diciendo que en los fines de semana me siento muy confirmado en mi celibato. Muchas gracias, hermanos y hermanas que viven en pareja, viéndolos con tantos problemas y enredos, enojos, fracasos y pleitos... yo salgo de ahí diciéndome: yo ahí no me meto ni loco. Y vengo para mi casita todo contento.

Luis Miguel Otero

Sacerdote Diocesano de La Verapaz